ARTE FORENSE E IDENTIFICACIÓN FACIAL

Por Gustavo Faúndez Salinas


Antropólogo Social, Universidad de Chile, MA en Estudios de la Imagen, Universidad Alberto Hurtado, MSc en Arte Forense e Identificación Facial, University of Dundee (Reino Unido).


A primera vista el concepto de “arte forense” puede parecer enigmático, pues reúne dos conceptos que rara vez son utilizados en una misma frase o proferidos por la misma persona, y que provienen de campos semánticos muy distintos. Una primera aproximación de carácter general a la noción de “arte forense”, es la propuesta por la International Association for Identification, que lo define como “cualquier arte de naturaleza forense; esto es, el arte utilizado en conjunto con procedimientos legales”. Dicha definición entrega una primera pista respecto a cómo el mundo de las Artes, a través de la aplicación de técnicas propias, puede cumplir una misión distinta a la que tradicionalmente es asociado, para dialogar y ponerse al servicio de la justicia. En ese sentido, la incorporación de un nuevo actor al universo de disciplinas que constituyen el campo forense, abre nuevas posibilidades a la identificación, aprehensión, o condena de criminales, así como a la localización e identificación de víctimas, heridos, o fallecidos en accidentes, cuya identidad se desconoce. Es más, dicho campo no se agota en lo que conocemos como artes plásticas, sino que se extiende a un vasto universo de disciplinas que incluye el campo del diseño, la fotografía digital o la arquitectura, al tiempo que considera técnicas híbridas nacidas de la interacción poco conocida, pero de larga data, entre arte y ciencias forenses. Tal es el caso del retrato hablado o de la reconstrucción facial, técnicas que en su conjunto comparten la denominación instrumental de “arte forense”. De hecho, esta misma diversidad constituye la base sobre la cual es posible comprender el perfil del profesional adscrito a esta disciplina, cuyo particular tipo de pericia encuentra su origen en la conjunción de las dos clases de conocimiento. En ese sentido, el “artista forense” es un actor fundamental para la articulación de ambas clases de conocimiento, así como responsable de mantener de la comunicación entre profesionales e investigadores provenientes de dichas áreas.


En cuanto al Arte Forense como campo disciplinar, su característica más llamativa es que, si bien su relación con las ciencias forense permite diversas entradas y puede responder a distintas preguntas, en lo que respecta a la identificación humana el énfasis suele estar puesto en el rostro. Ello se debe fundamentalmente a que, desde sus orígenes, las técnicas plásticas que cooperaron con el desarrollo de las ciencias forenses, siempre estuvieron enfocadas en la representación facial. Es así como una de las primeras manifestaciones de la alianza entre arte y justicia se dieron de la mano del retrato hablado. Conocida es la anécdota del que es considerado el primer retrato hablado publicado en la prensa occidental, divulgado por Scotland Yard en The Daily Telegraph en 1881, junto al cual se ofrecía una importante recompensa a quien entregase información sobre el paradero del periodista británico Percy Lefroy Mapleton, conocido en ese entonces como “el asesino del ferrocarril”. A partir de entonces, la relación entre las artes y ciencias forenses en occidente no se detuvo, siendo parte del desarrollo de la moderna biometría y las actuales tecnologías de identificación facial.


En la actualidad es posible distinguir distintas ramas dentro del arte forense, en su mayoría enfocadas a la comparación facial, con diferencias fundamentales en sus objetivos, procedimientos y naturaleza de sus soportes. En ese sentido, conviven técnicas basadas en el trabajo estático/bidimensional, tales como el retrato hablado, las proyecciones artificiales de edad, el retrato post-mortem o la superposición cráneo-facial, junto con las técnicas basadas en el trabajo móvil/tridimensional, tales como la reconstrucción cráneo facial (con métodos tradicionales o digitales) y el análisis de secuencias fílmicas o de extracción de imágenes de tele vigilancia. Dentro del primer grupo, la técnica gráfica más conocida es la de los retratos hablados, cuya aplicación es parte de una larga tradición de aplicación por parte de las policías, y que por décadas ha experimentado cambios metodológicos, avances técnicos e incluso cuestionamientos respecto a la posible obsolescencia del dibujante. No obstante, son también conocidos los ejercicios de proyección artificial de la edad realizada en base a fotografías de niños que se han perdido por años, o en su defecto, regresiones de edad para capturar malhechores que cometieron delitos en su juventud. Para la creación de este tipo de retratos situados más allá del momento presente, y cuyo objetivo es evaluar la apariencia de una persona en otro tiempo, se requiere no sólo de la habilidad y la creatividad del artista, sino que además del estudio cuidadoso y con bases científicas, de los cambios de origen intrínseco y extrínseco que deja el paso de los años el rostro de una persona. Ello habla de la importancia de la comunicación entre artistas y científicos. Finalmente, este primer grupo culmina con el retrato posmortem, el cual hace referencia a retratos de víctimas no identificadas de accidentes, asesinatos o muertes violentas en general, en casos en que los cuerpos de las víctimas se hallan en tan malas condiciones de conservación al momento de ser encontrados por la policía, ya sea producto de su descomposición o de su desmembramiento. En ese sentido, estos retratos buscan generar una semblanza del rostro de la víctima cuando aún se encontraba con vida, tomando como referencia los cambios mencionados y toda aquella información adicional disponible, incluyendo pistas sobre la vestimenta, tatuajes u otros elementos característicos que puedan incorporarse a la ilustración presentada a posibles testigos u opinión pública.


En cuanto al segundo grupo, este tipo de procedimientos permite ahondar en la dimensión práctica de la comparación facial y los estudios visuales que permiten el análisis y la comparación de rostros. Asimismo, se pone énfasis en que la organización y sistematización de las metodologías exige la interacción de los artistas forenses con especialistas de otros orígenes, tales como anatomistas, arqueólogos o ingenieros informáticos. En la actualidad, la mayoría de las técnicas de este segundo grupo son asociadas a la tarea de las policías, como parte de un conjunto de labores habituales de identificación, tales como la autentificación de pasaportes, el análisis de cámaras de vigilancia, el develamiento de disfraces o alteraciones intencionales del rostro, y el examen comparativo de fotografías tomadas a una misma persona, pero bajo distintas circunstancias. En ese sentido, parte fundamental de una comparación facial exitosa es la elección acertada de los instrumentos de medición u observación, así como la adopción de una estrategia de análisis coherente, ya sea de índole cualitativa o cuantitativa, que requiere de la participación activa de expertos en identificación capaces de retroalimentar sus pericias. En el marco de esto último, destaca la contingencia del trabajo de comparación de rostros a partir de la extracción de imágenes de cámaras de seguridad, las cuales son cotejadas generalmente con imágenes de distinto tipo como credenciales o fotografías casuales, requiriendo de evaluaciones antropométricas o antroposcópicas según sea el caso y los medios que lo permitan. Frente a dicha tarea, si bien los medios automatizados han permitido depurar y automatizar las metodologías más tradicionales, así como estandarizar la selección de líneas y puntos anclas, con el fin de generar relaciones y construir algoritmos, las nuevas tecnologías tienen también sus limitaciones, ya que los resultados dependerán, entre otras cosas, de la calidad de la imagen fuente, así como de la iluminación o del ángulo desde el cual se aprecia el rostro de la persona. Es por ello que la construcción de algoritmos y el análisis automatizado de rostros con fines policiales, nunca serán suficiente y siempre se requerirá de la evaluación de un ojo humano desprejuiciado.

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